En el norte de Portugal, tocando ya casi la frontera con Galicia, surge un territorio salvaje y muy rural que sigue manteniendo la arquitectura y las costumbres tradicionales.

Viajar por el norte de Portugal es perderse sin prisa en un entorno dominado por un tranquilo paisaje bucólico, repleto de pueblos y aldeas con encanto, a tiro de piedra de la provincia de Orense o, si viajas en avión, de Oporto, a poco más de una hora en coche.




La ecovía do río Vez

En Arcos de Valdevez, un pueblo muy próximo a Ponte da Barca en el Alto Miño, te encantará su arquitectura tradicional, visible en siete iglesias y capillas, como la románica Nossa Senhora da Conceiçao o la barroca O Espirito Santo, pero su punto fuerte es el paisaje marcado por la Ecovía del Río Vez. La zona fue declarada Reserva Mundial de la Biosfera por la UNESCO y lo mejor para descubrirla es caminar por esta red de pasarelas de madera que se prolongan a lo largo de 32 kilómetros.

 

Tu Gran Viaje | Siete pueblos para perderte en el norte de Portugal

 

Es este el paraíso de la nutria, pero también el de los kayakistas que disfrutan del descenso del río Vez en sus kayaks con un lugar encantador para realizar una parada o un picnic en el puente de Vilela. Otra opción es visitar el Paço da Giela, donde se recuerda todos los años con un torneo medieval en el último fin de semana de julio el encuentro que mantuvieron los caballeros Afonso Enriques y su primo Alfonso VII de Castilla y León en 1141.

Sistelo, el pequeño Tibet portugués

Sistelo es una pequeña aldea llena de encanto en el Portugal más profundo. La encontrarás a 20 kilómetros de Arcos de Valdevez, en las faldas de la Serra da Peneda, como si de tratara de un refugio rodeado de verdes terrazas que se proyectan por las montañas más próximas. El paisaje original nos traslada, aunque no lo queramos, al Himalaya en el Tibet, pero estamos en tierras lusas y lo que se hacía aquí desde siglos es cultivar el maíz. Si queréis obtener la mejor panorámica de las terrazas y los arroyos que serpentean por la montaña, el lugar más recomendable es el Miradouro dos Socalcos.




 

El pelourinho y los espigueiros de Soajo

En Soajo, ya dentro del Parque Nacional da Peneda-Gerês, te esperan los 24 espigueiros (hermanos de los hórreos gallegos) más hermosos del norte de Portugal. Fueron construidos en piedra durante los siglos XVIII y XIX y eran utilizados por la comunidad para almacenar y secar el abundante maíz de la región. En todas estas construcciones llama la atención del tejado, rematado siempre con cruces que representaban según la tradición la protección divina.

 

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En el interior del pueblo destaca también un hermoso pelourinho o picota, monumento nacional desde 1910, con una simpática cara en lo más alto, y fuera del casco urbano hay un puñado de senderos, como el Caminho do Pho y el Caminho do Fé, que conducen hasta un puente románico de un único arco, el Ponte da Ladeira. En verano es posible el baño en una zona de pozas muy próximas.




El castelo de Lindoso

En el término municipal de Ponte da Barca, enclavado a escasos kilómetros de la frontera con el concejo orensano de Lobios, se alza el castillo de Lindoso. La fortaleza, una de las construcciones defensivas más importantes de Portugal, fue enclavada en lo alto de un cerro con amplias vistas por lo que se convirtió en un escenario habitual de las batallas entre lusos y gallegos.

Castillo de Lindoso
Foto CC 2.0 by Rossana Ferreira

Los primeros realizaban desde estos muros incursiones sobre todo por la Baja Limia y el Bajo Miño y las tropas españolas lo conquistaron en diferentes momentos de la historia. El castillo regala una magnifica vista de 60 espigueiros, creados admirablemente por los tallistas de piedra del Miño. A primera vista parece un singular cementerio con bloques coronados por una o dos cruces, pero su principal función era la de proteger los cereales de animales y ladrones.




El santuario de Peneda

En Peneda se halla la iglesia más venerada de toda la región. Se trata del Santuario de Nossa Senhora da Peneda, una copia reducida del Bom Jesús de Braga, pero también con una vistosa escalinata monumental de 300 metros y 20 capillas que representan escenas de la vida de Cristo. Todos los años, en la primera semana de septiembre, numerosos peregrinos, procedentes de toda la región y de Galicia, acuden a este lugar para venerar a la Virgen en este templo terminado en 1875.

 

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Pitões en la ruta del contrabando

Pitões das Junias es el clásico ejemplo para comprobar la dura vida de los habitantes de una región muy desolada que vivió antes del ingreso de Portugal en la UE del comercio clandestino de bacalao, mariscos y café, entre otros muchos productos, con Galicia. Ahora se recuerda esa etapa con una “ruta del contrabando”, recomendada por el turismo luso, donde se puede apreciar todavía el antiguo mundo rural. Las mujeres de negro trabajando en el campo y llevando en sus cabezas la comida para los animales o la matanza del cerdo en el centro del pueblo se pueden presenciar todavía en esta rincón de la comarca del Barroso, en plena sierra del Gerés, a 1.100 metros de altitud.

 

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Un típico bar con televisión para no perderse los partidos de la liga portuguesa, Taberna Terra Celta, permite también hacer un alto en el camino para el almuerzo o para tomar un vinho verde. Será una interesante vía para charlar con los vecinos de esta aldea que también cuenta en sus alrededores con una bonita cascada, a la que se accede a través de una pasarela de madera, y un monasterio en ruinas, Santa María de Junias, cuyos orígenes se sitúan en el siglo IX.




Las aguas termales de Gerês

Gerês y sus famosas aguas termales ya fueron explotadas por los romanos y pueden suponer un broche de oro para concluir el viaje por el norte de Portugal. Estas aguas ricas en flúor siguen captando a pacientes con problemas digestivos o del hígado en este pueblo a orillas de un pequeño río, pero el destino atrae también a miles de viajeros que desean adentrarse en Parque Nacional de Peneda Gerês, el único parque nacional que puedes encontrar en suelo portugués.

 

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El objetivo de todos es disfrutar de sus cascadas, como la del río Hombre o la del río Arado, y de miradores como el Miradouro das Pedras o el de Pedra Bela, a casi 800 metros de altitud, desde el que se pueden observar las montañas, la albufera de la Caniçada, los ríos que serpentean la sierra y la confluencia del río Cávado con el río Clado.

Viajar al norte de Portugal. Información práctica

¿Cómo llegar? La mejor opción es tomar un avión de Madrid a Oporto con la compañía Ryanair y después alquilar un coche para recorrer la región a tu aire.

¿Dónde dormir? Luna Arcos Hotel Nature & Spa, un cuatro estrellas con piscina interior, sauna, jacuzzi y baño turco, a 15 kilómetros del Parque Nacional da Peneda-Gerês.