Es como la parábola del regreso del hijo pródigo, pero al revés: es la ciudad de Bonn la que ha vuelto al encuentro de su hijo más ilustre y universal, quien nació y vivió allí su primera juventud. Para el foráneo que quiera conocer la ciudad, la figura del músico puede ser algo más que una excusa; porque Bonn fue destruida en un 80% por las bombas de la Segunda Guerra Mundial, y lo que se ha salvado (o recuperado) de la destrucción es justamente el patrimonio vinculado de algún modo con la biografía del joven Ludwig van Beethoven.

 

 

El centro histórico es como un pañuelo; bastan algunos pasos para moverse de un lugar a otro. El ombligo de ese casco antiguo es, naturalmente, el Markt, plaza del mercado o plaza mayor. Presidida por un antiguo Ayuntamiento de armoniosas proporciones clasicistas. Hoy como ayer, el Markt es el centro de la vida cotidiana. Cada día se llena de tenderetes que venden hortalizas y fruta, pan, quesos, embutidos o flores. Y numerosos food trucks (furgones-restaurante) que ofrecen comida rápida o étnica (la presencia de numerosas nacionalidades en la ciudad de apenas 300.000 vecinos explica la variedad). Pegado al Ayuntamiento, el restaurante Am Höffchen presume de haber tenido como cliente asiduo a Beethoven; el sitio conserva un grato sabor de época, aunque resulta un tanto turístico. Enfrente, otro local que frecuentaba Beethoven era el Zehrgarten, que regentaba la viuda Koch, con cuya hija Babette tonteaba al parecer el joven Ludwig.

 

Estatua de Bonn en la Münsterplatz. Foto © Michael Sondermann / Beethoven Jubiläums Gesellschaft gGmbH

 

En la propia plaza arranca la Bonngasse, en cuyo número 20 está la casa donde nació Ludwig. Sus abuelos procedían de los Países Bajos, y se instalaron en Bonn porque tanto el abuelo como el padre encontraron empleo en la Corte como músicos. La casa ha conservado milagrosamente su estructura, su fachada y jardín, pero no está “ambientada” ni exhibe mobiliario alguno, solo recuerdos del músico: bustos y retratos, partituras originales y documentos, instrumentos y otros memorabilia. En una pequeña sala anexa al jardín se dan conciertos de cámara. A menos de diez zancadas, en la esquina, está la Gasthaus o taberna Im Stieffel, donde el padre de Beethoven solía empinar el codo (perdió por ello su trabajo); también resulta un reclamo turístico, con los bustos de padre e hijo asomados a las ventanas. En una calle paralela está la parroquia de San Remigio, donde Ludwig fue bautizado e hizo sus primeros pinitos tocando el órgano en las misas mañaneras, con apenas diez años.

 

Casa de Beethoven en Bonn. Foto © GNTB

 

La catedral está en otra plaza cercana, amplia y algo desangelada, donde en 1845 (solo dieciocho años después de la muerte del músico) colocaron su estatua. La catedral nos recuerda que la ciudad de Bonn cuenta con una larga historia. El edificio, del siglo XII, es buen ejemplo del románico renano (cuyo más puro icono es la catedral de Mainz o Maguncia). Pero está tan restaurada que por fuera parece arquitectura neo (por dentro siguen las obras, que la mantienen cerrada). Muy cerca de la catedral, la Sterntor, puerta medieval de origen romano, nos recuerda que la historia de Bonn se remonta a época romana, cuando las legiones de Druso que ocupaban y protegían el Valle del Rin establecieron aquí uno de sus bastiones estratégicos.

 

Manuscrito de Beethoven. Bonn. Foto © Michael Sondermann / Beethoven Jubiläums Gesellschaft gGmbH

 

Basta cruzar una calle, desde la catedral, para entrar en terrenos de la Universidad. Porque su edificio principal es la antigua Residencia o Corte del Príncipe Elector de Colonia. Por cierto, que en su capilla (Schlosskirche) tocaba el órgano un Ludwig adolescente de catorce años, siendo aquel el primer salario de su vida. El interior del edificio ha sufrido incendios y destrucciones, y aloja en la actualidad las facultades de filosofía y teología (Ratzinger, el futuro Benedicto XVI, daba allí clases). Delante del palacio se extiende una enorme explanada (Hofgarten) que era el espacio habitual para manifestaciones durante el período en que Bonn fue capital de la República Federal de Alemania (1949-1990). Todavía hoy comparte Bonn con Berlín algunos ministerios y embajadas; pero la explanada es utilizada ahora por los estudiantes para juegos y jolgorios.

 

Beethoven en el Desfile del Lunes de las Rosas de Bonn. Foto © Michael Sondermann / Beethoven Jubiläums Gesellschaft gGmbH

 

A un costado, setos e hileras de árboles enlazan con la llamada Alter Zoll (“antigua aduana”), una espléndida terraza asomada al Rin. Que nos recuerda la condición de fielato que tenía la ciudad para las embarcaciones que surcaban el río. Hoy día sigue estando en ese punto el embarcadero, pero los barcos son ahora cruceros turísticos que navegan aguas arriba (hacia Coblenza) o aguas abajo (hacia Colonia y Düsseldorf); los trayectos pueden durar unas horas, o ser excursiones de varios días. Desde el mirador de Alter Zoll se divisa la Ópera, junto al airoso Puente Kennedy, y un poco más allá, el Beethovenhalle, sala de conciertos inaugurada en 1956 y cerrada por obras que van para largo.

 

 

Paralela al río discurre la Avenida Adenauer, donde se inicia la llamada “Milla de los museos”. Y es que en ese largo tramo (servido por una línea de metro) se escalonan, entre otros, tres museos nuevos e imprescindibles: la Casa de la Historia de la República Federal de Alemania, el Kunstmuseum o museo de arte moderno y “entrelazado” con él, el Kunst- und Ausstellungshalle, ambos de una arquitectura vanguardista y muy hermosa. 

 

Kunst Museum de Bonn. Foto © Francesco Carovillano / GNTB

 

Un poco más adelante, Bad Godesberg es ahora un “barrio” de Bonn, pero fue en su día una ciudad balnearia y señorial. En su salón La Redoute tuvo lugar el encuentro entre el viejo Haydn y el joven Beethoven, lo que motivó que este último se fuera a Viena a estudiar con el viejo maestro. Enfrente, pero al otro lado del Rin, se extiende el paraje de Siebengebirge (“siete colinas”, aunque son muchas más). Uno de esos montes es Petersberg: allí se instalaron en el siglo XII unos monjes, y en el siglo XIX se construyó un señorial hotel por el cual han pasado todos los nombres importantes de la política del siglo XX. Sigue siendo utilizado para alojar jefes de estado o conferencias internacionales, pero también pueden disfrutar de sus instalaciones y restaurantes los vecinos de Bonn o los turistas.

 

Panorámica de Bonn desde Siebengebirge. Foto © Andre Distel / Getty Images

 

También Beethoven gustaba dar largos y solitarios paseos hasta estos parajes de Siebengebirge. Y siempre los mantendría muy presentes, él que era tan amante de la naturaleza. Tras su encuentro con Haydn, Ludwig marchó a Viena, con veintidós años, y allí se quedó para siempre. Nunca volvió a su patria chica. No por nada, sino que Viena era entonces la capital de la música (the place to be), y Bonn en cambio, tras la ocupación de las tropas napoleónicas, había perdido su entramado musical, sus orquestas, empleos o alicientes. Ese y no otro fue el motivo que evitó el regreso del hijo prodigio.

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