En el corazón del valle del Dordoña, entre Burdeos y Bergerac, espera una de las capitales vinícolas del mundo: el bucólico pueblo medieval de Saint-Emilion.

En el corazón del valle del Dordoña, a medio camino entre Burdeos y Bergerac, se encuentra una de las capitales vinícolas del mundo: el bucólico pueblo medieval de Saint-Emilion. Arracimado (nunca mejor dicho) alrededor de una iglesia excavada en la piedra, repleto de monumentos, rincones y enotecas, y protegido por murallas, Saint-Emilion está rodeado por algunos de los mejores viñedos del mundo. Un paisaje tan bello que está reconocido por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad y que es parada ineludible en Tu Gran Viaje por Nueva Aquitania.

 

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© Tu Gran Viaje




 

Paseando por Saint-Emilion

El pueblo es un museo al aire libre que llega a nosotros casi intacto desde los tiempos en que, a partir del siglo XII, fue parada y fonda obligada en una de las rutas del Camino de Santiago: un tránsito de peregrinos que trajo consigo la construcción de varias iglesias, monasterios y refugios. La piedra protagoniza la arquitectura del pueblo hasta el punto de que su iglesia es troglodítica, y las bodegas y châteaux –una sucesión de predios y majuelos que flanquea el viaje en coche desde Burdeos por la D936 hasta Branne, donde se toma la D122 hasta Saint-Emilion- que la rodean tienen en conjunto más de setenta hectáreas de catacumbas excavadas en el subsuelo calcáreo de la localidad.

 

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Viñedos de Châteaux La Dominique en Saint-Emilion, con Petrus al fondo © Tu Gran Viaje



 

Las calles empedradas y en pendiente de Saint-Emilion están flanqueadas de buenos restaurantes (varios, galardonados con estrellas Michelín), lujosos hoteles con encanto, y multitud de enotecas en las que hacerte con buen vino al que acompañar de una caja de macarons, el dulce típico bordelés.

 

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Un océano de vides

Aquí saben, y mucho, de vinos: llevan trabajando en ello desde el siglo I AC, cuando los romanos plantaron las primeras cepas. Casi 5.500 hectáreas de cepas merlot y cabernet pueblan los viñedos de la denominación de origen, a la sombra siempre de recoletos châteaux –muchos de ellos abiertos para que los descubras- en los que poder adquirir y degustar los vinos. Algunos de sus vinos se encuentran entre los más reputados del mundo: Chateaux d´Yquem o Châteaux Petrus son solo un par de nombres que a buen seguro conocerás.

 

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Degustació de vinos en el Châteaux La Dominique © Tu Gran Viaje




 

Una manera muy rápida y económica de descubrir la belleza de los viñedos es tomando el Tren de los Grandes Viñedos, un trenecito típico de turistas que, de la puerta de la iglesia de la Colegiata, recorre durante algo más de media hora los viñedos y châteaux más cercanos a la ciudad. Un trayecto agradable por un paisaje bellísimo y con una caja de macarons en el regazo es un buen plan para una tarde de agosto, ¿no te parece? El último tren sale a las 18h30, y el precio es de 6€.