Es un regalo de la naturaleza y solo puede verse con intensidad en verano, especialmente durante este mes. La Gruta Iris, uno de los lugares más espectaculares del Monasterio de Piedra (Nuévalos, Zaragoza), obsequia cada atardecer a sus visitantes con un impresionante arcoíris que hace aún más mágico si cabe este enclave de cuevas, cascadas, lagos y bosque.

Son las gotas pulverizadas desde la cascada Cola de Caballo -en la que el río Piedra se precipita por un abismo de 53 metros de altura- las que actúan como pequeños prismas cuando el sol las ilumina, separando la luz en sus colores y formando un inmenso arcoíris en suspensión. Sucede únicamente en verano y a la hora bruja del atardecer, que es cuando la luz solar logra penetrar por la boca de la cueva incidiendo de manera directa en el gran salto de agua.




La cueva que escondía un arco iris

Precisamente la gruta recibe su nombre por este fenómeno que se observa desde su interior en época estival. Una cueva mágica, un rincón de cuento, que se ha convertido en uno de los enclaves más admirados del Parque – Jardín Histórico del Monasterio de Piedra.

 

Gruta Iris Monasterio de Piedra | Tu Gran Viaje
Imagen Guillén Pérez CC BY-ND 2.0

 

En el interior de la gruta la penumbra va dando paso a la humedad y al frescor, un lugar donde adentrarse en un mundo de estalactitas, estalagmitas y musgos en proceso de petrificación. Un ambiente siempre lluvioso debido al agua que se filtra del propio río. Aquí, la temperatura permanece constante, a unos 15 grados centígrados, durante todo el año. Un lugar privilegiado, bajo el río Piedra y detrás de la cola de caballo.



De camino a la gruta Iris, el visitante se va topando con diferentes miradores, todos ellos con unas vistas majestuosas de la cascada Cola de Caballo, llamada así porque la espuma del agua al caer recuerda a una cola blanca de caballo. También se puede observar cómo las palomas atraviesan fugaces la cortina de agua para resguardarse o hacer sus nidos, antiguamente las palomas torcaces la frecuentaban muy a menudo por lo que también era llamada “chorro palomero”.

 

Gruta Iris Monasterio de Piedra | Tu Gran Viaje
Imagen Monasterio de Piedra

Un descubrimiento de película

Fue Juan Federico Muntadas -escritor y poeta, conocido por ser el artífice del Parque del Monasterio de Piedra tal y como lo conocemos hoy en día- quien descubrió la misteriosa gruta a finales del siglo XIX. Celosamente protegida por un muro de más de 12 metros de altura de piedra estalagmítica creado por la propia Cola de Caballo, el acceso a nado por el río era imposible.



Muntadas, observando la frecuente entrada y salida de palomas, quiso averiguar lo que había detrás de aquel gran salto de agua y decidió descolgar un tonel amarrado a unas cuerdas en cuyo interior iría una persona. Así, en abril de 1860 se descubrió el secreto mejor guardado del río Piedra: la Gruta Iris. Posteriormente, para facilitar el acceso, se horadó la roca excavando las escaleras que se utilizan en la actualidad.

La singularidad de este lugar ha quedado retratada en algunas películas. Entre las más recientes, “El hombre que mató a Don Quijote” (2018) del oscarizado director Terry Gilliam, que se suma a otras rodadas en el entorno del Monasterio de Piedra, como “El corazón del guerrero” (2000) de Daniel Monzón. La primera que se realizó, “El rostro del asesino”, data de 1905 y fue dirigida por Fructuós Gelabert. Entre los años 60 y 70, destacan “La siesta” de Jorge Grau o “Entre Dios, el diablo y un arma” dirigida por Marino Girolami.




Otras curiosidades

El arquitecto Rafael Guastavino (1842-1908) alcanzó gran fama en Estados Unidos. gracias a la utilización de la bóveda tabicada, que patentó en 1885, para lo que fue clave una visita al Monasterio de Piedra. Fascinado por la Gruta Iris -según sus propias palabras: “una de las obras más sublimes y extraordinarias de la naturaleza”- se inspiró en este colosal espacio delimitado por una única masa de cimientos, muros y techo para concebir su famoso sistema de “construcción cohesiva”. Con él, se levantaron alrededor de mil edificios en Estados Unidos, principalmente en Nueva York.




En el año 1894, el redactor jefe y dos ilustradores de la famosa revista Blanco y Negro visitaron el Monasterio de Piedra y dejaron registrada su experiencia en el “Libro de Visitantes Ilustres con una caricatura firmada por Eduardo Sáenz Hermúa, conocido autor de tiras cómicas, que representa a Juan Federico Muntadas en el instante en que descubrió la Gruta Iris y, junto a él, tres rostros con gestos de admiración: un aragonés con el cachirulo a la cabeza, un explorador con su casco salacot y un caballero a la inglesa con bombín. Acompañando a la ilustración se puede leer la dedicatoria del periodista Luis Royo Villanova: “Abrir a los ojos del arte la gruta del Iris, es algo más que descubrir un nuevo mundo porque es descubrir un nuevo cielo”.