Juego de máscaras en Flandes: El Ostende de James Ensor


La primavera estalla en Ostende, la distinguida ciudad balneario de los reyes belgas de la costa flamenca, repleta de visitantes que aprovechan la festividad de la Ascensión de Cristo, y la Naturaleza machaca a la inteligencia artificial, que miente tras una máscara: las aplicaciones de clima se empeñan en que sopla el viento, los cielos están emplomados y las temperaturas son frías cuando la realidad, máscaras fuera, es la opuesta.

 

 

En lo alto del cielo, despejado y anacarado, refulge el sol como solo sabe hacerlo en Flandes, calentando y perfilando los contornos de la ciudad, presentándose al viajero como si de un cuadro se tratara, y por ello sonríe, máscara en mano, el maestro flamenco James Ensor (1860-1949), el pintor belga más importante de los siglos XIX y XX, convertido en busto de paja gigante a las puertas de la estación de tren, a la sombra de las imponentes torres neogóticas de la iglesia de San Pedro y San Pablo.

 

© Tu Gran Viaje

 

En la Groetenmarkt, ocupada en esta festividad por puestos de comida rápida y atracciones para niños, los escaparates de los comercios están adornados con motivos que tienen como protagonista a Ensor, los restaurantes anuncian platos y menús inspirados en la obra del artista, los paseantes se toman más selfies que nunca ante su busto de bronce en el Leopoldpark, las máscaras ensorianas asoman murales gigantes repartidos por toda la ciudad (este año, la edición de su festival de street art The Crystal Ship, el más importante de Bélgica, está dedicado e él)… 

 

Caco. The Crystal Ship 2024 © Toerisme Oostende

El genial pintor es más omnipresente que nunca en esta bulliciosa y festiva Ostende de la que es hijo predilecto. La ciudad le homenajea, orgullosa de él, en este 2024 que marca el 75º aniversario de su fallecimiento con un festival, Ensor 2024, repleto de citas culturales -al que se sumará la ciudad de Amberes a partir del mes de septiembre- que pintan la ciudad con su efigie. 

James Ensor, el más moderno de los Maestros Flamencos

James Ensor nació, vivió y murió aquí: apenas pasaría tres años en Bruselas para formarse y haría algún viaje corto a Londres o el norte de Francia -en Lille descubriría la obra de Goya, tan importante en su trabajo. Prácticamente toda su vida transcurriría en Ostende, creando sin cesar -su legado lo forman unas 850 pinturas, grabados y dibujos, además de escritos e incluso alguna composición musical-, persiguiendo replicar en sus cuadros el nácar del cielo de Ostende, escarbando en la condición humana en obras maestras como La entrada de Cristo en Bruselas en 1889, sacudiendo las conciencias de sus contemporáneos mostrando la hipocresía de las instituciones y lo absurdo e irreal de la vida… y, siempre, con las máscaras que portan sus personajes como catalizador.

 

“Los tejados de Ostende” (1901) Colección Mu.zee / Adri Verburg (dominio público)

 

Máscaras que, contra la interpretación convencional, no ocultan el rostro de quien las porta, sino que muestran su auténtico carácter; máscaras que se han convertido en icónicas pero que, tal vez, como sucede con los árboles, disfrazan el inmenso y frondoso bosque del talento de Ensor, el más innovador y moderno de los Maestros Flamencos: como el dinosaurio de Mutis, cuando los surrealistas llegaron, Ensor ya estaba allí. Iconoclasta y rompedor,  Ensor empujaría la puerta de las vanguardias y el surrealismo a sus coétaneos.

La casa de James Ensor

Ensor era un artista a quien solo importaba el presente, y el presente es la nutrida hilera de personas que, ya a primera hora de la mañana, aguarda a que la casa del artista abra sus puertas. Gran parte de esa obra fue creada en su estudio-ático de la Visserskaai y, a partir de 1917 y hasta su muerte en 1949, justo enfrente, en la James Ensorhuis (Vlaanderenstraat, 29. Entradas general: 13€. https://www.ensorhuis.be).

 

© Toerisme Oostende / James Ensorhuis

 

Esta casa de James Ensor ocupa lo que fue un edificio propiedad de sus tíos, en cuyo local comercial estaba la tienda de recuerdos donde él trabajaba en sus años de estudiante y que, repleta de cachivaches de todo tipo -máscaras de carnaval, conchas marinas, animales disecados, y objetos de inspiración oriental-, llenarían su retina e influirían sobremanera en su obra. Ensor heredó el edificio a la muerte de sus tíos y se trasladó a ella 1917. En 1949, poco después de su fallecimiento, el edificio se transformó en un museo; y en 2022, completamente restaurado a su estado original, se le añadió como centro de visitantes parte del edificio adyacente, un hotel que sigue operando como tal en las plantas superiores del edificio.

 

 

Expo James Ensorhuis © Toerisme Oostende

 

La colección de memorabilia, objetos personales y mobiliario del propio Ensor -como el bellísimo armonio que tocaba y para el que componía-, además de máscaras y pequeñas obras, llenan las cinco estancias de la casa. En el salón azul, el pintor recibía a sus visitas, a las que hacía esperar mientras tocaba el armonio, así se tratara del mismísimo rey de Bélgica, y la tienda, que Ensor mantuvo cerrada tras heredarla y solo la abría a algunas visitas y amigos artistas, se muestra con su mobiliario original, mostradores y estantes de maderas nobles adornadas con conchas marinas, máscaras y estrellas de mar como las que se vendían entonces.

 

© Toorisme Oostende

 

En este año Ensor, la casa del artista alberga también exposiciones importantes. Una de sus obras más famosas, el “Autorretrato con sombrero de flores” (1883) da la bienvenida a Autorretratos (hasta el 26 de junio), que exhibe unas 80 obras -pinturas, dibujos, grabados- que abarcan de 1876 a 1939 y muchas de ellas, pertenecientes a coleccionistas privados, no han sido previamente exhibidas en público. “Esta exposición es ideal para apreciar la evolución no solo artística, sino también personal, de Ensor”, nos cuenta Xavier Tricot, pintor y historiador de arte y experto en Ensor. “Con ella se aprecia perfectamente que Ensor era un artista que se consideraba avant-garde pero, a la vez, heredero de la tradición: Rubens, el Bosco, Brueghel...”

Hay otras dos exposiciones programadas en el transcurso del año: “La entrada de Cristo en Bruselas en 1889” (del 27 de junio al 1 de septiembre), donde se exhibirán una réplica de su obra más famosa -que, por su mal estado, no puede abandonar su ubicación actual, en el Getty Museum de Los Ángeles- y un tapiz que lo reproduce; “Sátira, parodia, pastiche” (del 19 de septiembre al 12 de enero de 2025), que pone el foco en el humor que impregna la obra de Ensor.

La casa de Ensor es, así, el epicentro del homenaje de Ostende y también el punto de inicio de El paseo de Ensor, un recorrido por 13 lugares de la ciudad relacionados con él y que se puede seguir con una aplicación móvil, disponible en español y cuya descarga gratuita está incluida en el precio de la entrada a la casa de Ensor, en la que el el propio Ensor nos guía por su ciudad y habla no solo habla de sí mismo, sino también de sus amigos y de la rica historia de la ciudad.

 

“Cristo calma la tormenta” (1891) Colección Mu.ZEE

 

Ostende, el paraíso imaginario de Ensor

La app es una manera idónea de pasear con Ensor por Ostende, siempre marinera. “Le debo tantísimo al mar…”, dijo Ensor en 1920, durante el banquete que la ciudad organizó en su honor por su 60º cumpleaños. El mar es otra de las grandes señales de identidad de Ostende. Puerto pesquero de gran importancia comercial y estratégica desde la Edad Media, el mar del Norte bate el inmenso arenal de la Klein Strand, el escaparate donde Ostende luce sus mejores galas, por donde paseaba un Marvin Gaye durante el año en que se refugió en la ciudad para huir de sus dominios -aquí compondría su legendario Sexual Healing- y al que se asoma el Kursaal, uno de los casinos más famosos de Europa: un inmenso edificio de corte brutalista, sucesor del original, destruido en los bombardeos alemanes durante la II Guerra Mundial.

 

© Toerisme Oostende

 

Y es que la historia ha dejado también cicatrices en la ciudad. Su perfil urbano ha mutado a golpe de tragedias como el sitio de las tropas españolas en el siglo XVII, los bombardeos de la II Guerra Mundial…-, pero aún refulgen algunas joyas Art Decò, como el Hotel DuParc, cuyo elegante café frecuentaba James Ensor y donde se hospedaba Albert Einstein. Y en otra de ellas, las Galerías Venecianas, un complejo de elegantes arcadas asomadas al mar, se programará la exposición Ostende, el paraíso imaginario de Ensor (del 29 de junio al 27 de octubre), que examinará cómo las dunas y las mareas, los parques y marismas que rodeaban Ostende y, desde luego, la luz anacarada de su cielo impregnaron la obra de Ensor.

 

© Toerisme Oostende

 

El paseo bajo los arcos de las Galerías nos lleva a la gran joya de Ostende, el lujoso Thermae Palace Hotel, el mayor testigo de la época en que la ciudad se convirtió en uno de los destinos de vacaciones más elegantes de Europa. El imponente complejo fue promovido por el rey Leopoldo II, quien lo inauguraría en 1933: sus salones de baile, sus piscinas termales de agua marina y mineral y sus lujosas instalaciones vieron pasar a todas las celebridades europeas e internacionales hasta que el estallido de la II Guerra Mundial y sus bombardeos pusieron fin al glamour, además de dañar muy seriamente al edificio.

 

Thermae Palace © Daniel De Kievith

Restaurado en los años Noventa del siglo pasado, hoy luce de nuevo con todo su esplendor; y asomarse a sus terrazas, o sentarse a una mesa con vistas al mirador de su sofisticada brasserie Albert, y contemplar, como hacía James Ensor, cómo las últimas luces del día afinan aún más la intensidad del cielo y perfilan a esta coqueta Ostende, adornada de luces para mirarse en el calmado mar, es la mejor inmersión en la belleza flamenca que llenó la obra del maestro y que hará lo mismo con nuestro recuerdo de esta mágica experiencia viajera.