Muy merecidamente, Oporto está de moda. Enmarcada por el océano Atlántico, que bate con toda su majestuosidad a las puertas de la ciudad, es también un destino para viajeros activos como tú. ¿La razón? Matosinhos, una meca de surferos en la que, además de una de las mejores playas para surfear del norte de Portugal, hay un gran patrimonio cultural y una excelente oferta gastronómica: razones de sobra para convertir tu escapada en un recuerdo inolvidable.
Una estatua ecuestre del rey Joao VI, el Sea Life -el famoso acuario de Oporto- y el fuerte São Francisco do Queijo, una pequeña fortaleza del siglo XVI, a la que llegan las olas cuando bate el temporal, te dan la bienvenida a Matosinhos cuando cruzas la rotonda que la separa de Oporto. Es también justo aquí, y vigilada por una espectacular escultura gigante, La Anémona, obra de la artista Jane Echelman, donde comienza la playa de Matosinhos, la más popular de todas las que se extiende por los 15 kilómetros de litoral de la ciudad.
Este arenal, de un par de kilómetros, de arena dorada y olas de tamaño medio, es la más popular entre los habitantes de Oporto por su amplitud y, por las corrientes marinas que la bañan, es idónea para los amantes del surf, el bodyboard y el kitesurf, tanto si estás comenzando a soltarte con su práctica, como si quieres perfeccionar tu técnica, e incluso se disputan competiciones internacionales.
Durante el otoño, prepárate para sentir la fuerza del océano, y es imprescindible que te equipes con neopreno: incluso en verano, la temperatura media del agua es de 16ºC… En la misma playa hay varias escuelas de surf -SurfAventura, Onda Pura, Salty Wave o la Surfing Life Club- y, si por si se te hubiera olvidado algo -¡y no será porque en el maletero de tu Ford EcoSport cabe de todo con sus asientos traseros completamente abatibles!- hay también numerosos locales de alquiler de equipos.
Tampoco faltan beach clubs y restaurantes con parrillas humeantes -el aroma de los manjares del mar realizados al momento sobre las brasas despiertan el apetito a cualquiera- que hacen de la playa, en cualquier momento del año, uno de los lugares de ocio preferidos por los portuenses. Al final de la playa asoma la figura de uno de los edificios señeros de la ciudad, el Mercado de Abastos, un bellísimo edificio blanco de estilo brutalista, con forma de bóveda cuya visita es una experiencia imprescindible por el bullicio y el colorido de sus puestos de alimentos -pescados y marisco, sobre todo- , y donde, además, podrás comprar tu mismo el pescado o el marisco y pedir que te lo preparen en el restaurante del Mercado.
Al norte de los muelles, se abre un tramo de playas entre la que destaca la de Leça da Palmeira, y donde está la Piscina das Marés, un conjunto de piscinas de agua de mar situadas en un saliente rocoso que hay al norte de la playa, y que son uno de los primeros trabajos del famoso arquitecto Álvaro de Siza, que nació en Matosinhos.
La de Aterro es otra playa ideal para lanzarse con la tabla y que es muy famosa por albergar, cada verano, la mayor beach party de Europa, la EDP Beach Party, por la que han pasado todos los grandes nombres de la música electrónica, de Swedish House Mafia a David Guetta, entre muchos otros. En la playa está L’Kodac, uno de esos beach clubs de los que, haga el tiempo que haga -y en Matosinhos puede cambiar de un momento al siguiente-, no te querrías ir. Y en la playa de Espinheiro, la playa de Agudela y la de Boa Nova no te van a faltar tampoco buenas olas.
Pero, además, Matosinhos tiene atractivos de sobra para que te pierdas sin prisa por ella. La Casa de Chá da Boa Nova -cuyo restaurante, dirigido por el chef Rui Paula, tiene una estrella Michelin-, es otra de las obras de Alvaro Siza, y el puerto pesquero de la ciudad es el más importante de Portugal, así que no te extrañarás cuando veas las docenas de restaurantes y marisquerías que se asoman por cualquier lado. Todos tienen una estupenda relación calidad/precio, sobre todo los de la Rua Heróis de França, y hay dos que son, siempre, una apuesta segura: el Lage do Señor do Padrao y Sao Valentim, con sus espectaculares parrillas y sus cocineros haciendo auténticos malabares y en las que siempre, siempre, habrá alguien tomando una foto para subirla a Instagram. Y si pones rumbo con tu Ford Ecosport a Matosinhos en el Puente de los Santos, no puedes dejar de visitar el Jardim Senhor do Padrão de Matosinhos, adornado con centenares de velas encendidas para honrar a los marineros de la ciudad que han perdido la vida en alta mar.
El sol marca, con el amanecer y el atardecer, el ritmo de la fachada marítima de Matosinhos, con las embarcaciones de pescadores yendo y regresando de faenar. Y contemplar cómo cae el sol desde el Passeio Atlantico, la pasarela de madera que corre paralela al océano y que es obra del arquitecto español Manuel de Solà-Morales i Rubió, es el broche perfecto para tu escapada a Matosinhos.



